Vivir no es ningún privilegio

Actualizado: jul 20

BY ÁNGEL CASADO


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Estos últimos días han sido trágicos. Nos levantamos con nuevas noticias que nos hacen cuestionar todo aquello que conocíamos o, al menos, aquello que creíamos conocer. Nos impregnan sentimientos de dolor, de vacío, de incomprensión y, sin embargo, no dejan de ser emociones que ya hemos experimentado. Pareciera que lo único que nos une en estos momentos es el sufrimiento. El sufrimiento que define la existencia de tantas mujeres, personas queer, transexuales, negros y negras; no deja de ser el precio que hemos de pagar por el simple hecho de vivir. Sería hipócrita por mi parte no confesar que hasta hace bien poco “sostenibilidad” era un término que se me atragantaba cada vez que lo oía. Daba prioridad a los derechos y libertades individuales sin darme cuenta de que, en esta lucha que es el progreso, estamos todos juntos. Es necesario entender que la desigualdad tiene muchas caras. La transformación del sistema ha de ser sostenible en el sentido más estricto de la palabra.  Lo que hoy está viviendo la comunidad negra en EEUU no es más que el producto de un sistema que ha nacido para el disfrute de los considerados selectos. ¿Cuál es la diferencia entre aquellos que trabajan en condiciones de explotación en industrias de todo el mundo hasta el punto de perder sus vidas y el caso de George Floyd? Está claro que existe un abuso de poder. No hemos abolido la esclavitud moderna. Sus herederos son el racismo sistemático, el patriarcado, la heteronormatividad y, en definitiva, la negación de todo argumento lógico que imponga una necesidad de cambio.  El sustrato político es interseccional por naturaleza y las causas que hoy vivimos complementarias en sus fines. Se ha usado la retórica del privilegio en contra de aquellos que buscan la igualdad, hasta tal punto que aquellos que sí lo poseen no son conscientes de que el problema son ellos. Se nos ha dicho que somos privilegiados por poder trabajar, por poder formar una familia, por poder casarnos; recordándonos que no somos merecedores de ese premio que se nos ha otorgado. Que no somos parte del conjunto social, que solo somos una minoría. Se nos ha hecho saber que no somos las víctimas, sino la génesis del conflicto.  La violencia parece ser la respuesta universal de aquellos que ostentan el poder político, pero recuerden, el uso de la fuerza como reacción va en contra de los principios democráticos que les dieron ese poder en primer lugar. Nunca hemos sido minorías aisladas: somos el pueblo. Esta lucha es común a todos. Es por ello por lo que cuando uno de nosotros no puede respirar, ninguno de nosotros podemos. Si bien les gillets jaunes, Fridays for future, Black Lives Matter, the Me Too movement son acciones completamente distintas, todos ellas persiguen una misma finalidad: la justicia social. Esta comienza con una observación sincera de la realidad que nos obliga, como seres individuales, a exigir la igualdad de condiciones. Es un punto de no retorno en la historia de la humanidad donde las bases del sistema están temblando. No me malinterpreten, me considero privilegiado de poder escribir estas palabras, pero en ningún caso considero que vivir sea un privilegio. Es un derecho universal. Es en estos momentos es cuando recuerdo la pregunta del escritor Pär Lagerkvist: la vida se nos va, quién sabe a dónde.  Hoy me atrevería a contestarle diciendo: a donde nosotros, el pueblo, la guiemos.



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