¿Una nueva era para la industria de la moda?

BY KATIE BELEJ


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Durante las últimas décadas, la industria de la moda ha prosperado gracias a su infalible cadena de oferta y demanda. Sin embargo, la pandemia de Covid 19 hizo que esta industria tan poderosa comenzara a tener dificultades para producir sus productos al mismo tiempo que la demanda de artículos no esenciales disminuyó. La pandemia ha obligado a varias industrias a reconsiderar sus estructuras comerciales y sus planes de futuro a largo plazo. Este es ciertamente el caso de la industria de la moda, ya que ha sido una de las más afectadas por el virus.


Los comerciantes de moda quieren hacer sus prendas de la forma más barata posible y están dispuestos a causar daños permanentes en el medio ambiente para conseguirlo. Según The New York Times, el 60% de las fibras de tela de todo el mundo están fabricadas con productos sintéticos derivados de combustibles fósiles (1), materiales que nunca se descompondrán. La mayoría de las otras prendas están hechas de algodón, que debe cultivarse extremadamente rápido y en grandes cantidades para satisfacer la demanda, lo que requiere enormes cantidades de insecticidas, pesticidas y agua. La cantidad de productos químicos es tan alta que muchos de los agricultores desarrollan tumores al estar constantemente expuestos a ellos.


No es ningún secreto que los trabajadores de la moda son explotados. El auge de la globalización permitió a las empresas establecer fábricas de producción en cualquier lugar del mundo, por lo que ahora el 97% de la ropa se fabrica en el extranjero. Los trabajadores se ven obligados a trabajar de 14 a 16 horas cada día. A menudo trabajan en edificios inseguros, llenos de sustancias tóxicas. Las condiciones de trabajo de estos trabajadores solo pueden ser definidas como esclavitud moderna.


Hacer caso omiso de los derechos de los trabajadores y su impacto medioambiental ha convertido a la industria de la moda en un éxito económico que factura más de 3 billones de dólares al año. El éxito de esta industria se basa en la rapidez; las prendas se producen, compran, desechan y recompran rápidamente. Esto cambió cuando las restricciones de movimiento se interpusieron entre las tiendas de ropa y sus clientes habituales. Entonces, ¿cómo se ha enfrentado la industria a la situación actual?


La crisis ciertamente ha hecho reflexionar a muchos comerciantes. Caroline Rush, jefa del British Fashion Council, declaró en una entrevista con Euronews: "Nuestra industria ... tiene un impacto en el planeta ... Definitivamente hay cosas que podríamos hacer mejor y ahora es el momento de pensar en eso".(2) De hecho, varias marcas de moda importantes han dicho que reducirán el número de temporadas anuales de cuatro a dos, para ayudar a reducir su huella ambiental. Otras están considerando reubicar sus cadenas de suministro, ya que la crisis ha puesto de manifiesto su dependencia en proveedores extranjeros y de bajo coste.


Esta crisis también ha hecho reflexionar a los consumidores. Stephanie Phair, directora de atención al cliente del comerciante de moda de lujo Farfetch, afirma: "La gente está pensando mucho más en respaldar a las empresas que tienen una misión, un propósito y que quieren hacer algo bueno en el mundo". (3)


Phair tiene razón. Distanciada de las tiendas físicas, reflexioné acerca de mis hábitos de consumo. Algo me quedó bastante claro: casi todos somos adictos a comprar ropa. Consumimos alrededor de 80 mil millones de piezas de ropa cada año, un 400% más de lo que consumíamos hace 2 décadas. No solo somos adictos a comprarlos, somos igual de adictos a tirarlos a la basura. Nuestros hábitos derrochadores son, de hecho, alentados por la industria cuya estrategia de "Obsolescencia Planificada" garantiza que la ropa se desmorone, se gaste o pierda su forma para alentar a los consumidores a comprar más.


Durante estos tiempos difíciles, muchos de nosotros hemos pensado en lo que es realmente importante para nosotros y hemos reevaluado las vidas que habíamos estado viviendo hasta que entraron en vigor las medidas del confinamiento. Esta crisis me permitió evaluar mis hábitos de consumo y conocer la industria que había estado apoyando, y me encantaría alentar a otros a hacer lo mismo.


Millones de personas dependen de la industria de la moda para conseguir un sueldo, y aunque no queremos privar a los trabajadores de los países del tercer mundo de los pocos ingresos con los que cuentan, esto no es una excusa para no actuar. Creo que debemos exigir una mayor transparencia a los comerciantes de moda y estar listos para criticar sus errores. Debemos dejar atrás las marcas de moda y comenzar a apoyar empresas sostenibles. La crisis reciente puede haber empujado a varios comerciantes de ropa a reflexionar, y en algunos casos, implementar pequeños cambios. Sin embargo, es el consumidor quien debe cambiar sus hábitos y presionar a los principales comerciantes de ropa para que sean más éticos y sostenibles.



Bibliografia


1. Schlossberg, Tatiana, (2019) Article https://www.nytimes.com/2019/09/03/books/review/how-fast-fashion-is-destroying-the-planet.html

2. Huet, Natalie, (2020) Article https://www.euronews.com/2020/04/22/could-the-coronavirus-crisis-spell-the-end-of-fast-fashion

3. Orlova, Daria, (2020) Article https://newseu.cgtn.com/news/2020-05-05/How-will-COVID-19-change-the-fashion-industry--QdWaZBwGCQ/index.html


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