La realidad de tener un negocio sostenible

Ēntrevista con Amarga Vintage, por Gema Coello


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Se dice que el pasado siempre vuelve y esto no es una excepción en el mundo de la moda. Entre las tendencias que han resurgido estos últimos años encontramos los mom jeans, los scrunchies, los pantalones de campana… y las tiendas de segunda mano.


Lo que antes considerábamos como la última opción (comprar ropa que no es nueva), ahora es el último grito. Y, en el caso de Amarga Vintage, esto no iba a ser menos.


Amarga Vintage (Salamanca)

La primera vez que fui a Amarga Vintage no tuve la sensación de estar en una tienda. Sin saberlo, acababa de entrar en un hogar, en una pequeña comunidad donde todas somos bienvenidas. Sus dueñas, Yolanda y David, así lo han querido.


Es en 2016 cuando nace Amarga, pero no es hasta finales de 2018 que este sueño se transforma en realidad. Esta pequeña tienda se encuentra en el pintoresco Barrio del Oeste de Salamanca, la ciudad universitaria por excelencia en España. Pero no siempre ha sido así. Yolanda y David me cuentan, con ilusión, cómo surgió su segunda casa: “Hacíamos mercadillos por Salamanca, en diferentes bares, antes de comenzar con la tienda. Pero siempre hemos compartido pasión por la moda vintage y la de segunda mano; es muy importante diferenciar ambas. Decidimos que este proyecto tenía que llegar a algún lado, más allá de ser un hobby o darnos una remuneración económica puntual. Ahí nos lanzamos y abrimos la tienda”.


Este proyecto ha crecido de forma orgánica, tal y como me cuenta Yolanda. Nacida en Badajoz, una pequeña ciudad española, relata cómo sus opciones eran limitadas a la hora de comprar: “A los 14 años, mis amigas y yo comenzamos a ir a un charity que había en la ciudad. Pero de eso hace ya 10 años, y no había tantas tiendas vintage como ahora. Ahí empezó todo. Los viernes, en vez de ir al parque, íbamos a la tienda a rebuscar a ver qué encontrábamos. Comprar allí también era una forma de diferenciarnos estilísticamente del resto”.


Fue entonces cuando Yolanda comprendió que la moda iba más allá de una simple necesidad de vestirse: era una forma de expresión. “Siempre he tenido problemas para encontrar ropa que me guste y que, además, me siente bien. La ropa vintage me ha ayudado mucho a comprenderme, a quererme y a ser yo misma”.


Amarga Vintage (Salamanca)

Yolanda es una joven emprendedora de 26 años que decidió arriesgar y perseguir sus sueños, destinando así los fondos de su máster a abrir Amarga Vintage. Nos cuenta, ilusionada, qué es lo más gratificante para ella de llevar un pequeño negocio local: “Lo bueno es que, aunque las cosas vayan mal, el hecho de tener un contacto directo con las personas te anima. Para mí, lo más gratificante de Amarga es confiar en aquello que haces: desde traer un producto hasta crear una campaña en Instagram. Ver cómo aquello en lo que has puesto tanto esfuerzo y dedicación da frutos es lo mejor de todo esto. Me ha ayudado a valorarme.” Por su parte, David también lo tiene claro: “Lo principal es poder darle un trato personalizado al cliente. Es lo bueno de tener un negocio pequeño”.


No obstante, ambas me aseguran que tener un negocio propio e independiente no es, ni mucho menos, un camino de rosas: “También tienes que estar preparada para el fracaso. Al ser tan jóvenes, además, te agobia el pensar que tú eres la dueña de tu destino y del de tu negocio. A veces te sientes perdida”. Algo que Yolanda me comenta es que, al tener un pequeño comercio, está muy unida a él. Y esto puede ser un arma de doble filo: “No puedes flaquear en tu vida personal, porque tu negocio se ve afectado”.


Cuando hablamos de regentar un negocio, independientemente de sus dimensiones o de sus políticas de sostenibilidad, obligatoriamente debemos hablar de salud mental. En una época en la que vivimos pegadas a los móviles y en la que los comercios están cada vez más digitalizados, resulta esencial trazar una línea invisible entre la vida personal y la profesional. Pero esto no siempre es sencillo: “Me es imposible desconectar,” me cuenta Yolanda, “Estoy trabajando en ello, pero es complicado. La ansiedad es mi mejor compañera, como la de todos los millennials, y me afecta bastante. Tengo que aprender a desconectar, porque si no, no se disfruta. Me levanto por las mañanas pensando en lo que tengo que hacer ese día”.


Comenzamos esta entrevista hablando de las tendencias que están de vuelta y, con ellas, los grandes gigantes al acecho de la oportunidad: la moda rápida. David lo ve muy claro: “Ahora la gente está comprando mucha más moda rápida. Las décadas de los 80 y 90 son tendencia, que es el estilo que más trabajamos en la tienda, así que estas grandes compañías se están aprovechando”. Por otro lado, Yolanda es tajante: “Desde que abrimos, supimos que la moda rápida era algo con lo que no podíamos competir; ni queremos. Ellos son los que marcan las tendencias, al fin y al cabo, pero también son los que les han dado valor a la ropa vintage. El hecho de que nosotras tengamos la ropa original de los 80 y los 90 y ellos decidan que está de moda le da un poco más de valor a nuestra tienda”.


Está claro que en todos los mercados es el consumidor quien marca el ritmo; la industria de la moda no está exenta de esta realidad. En Amarga, han definido dos tipos de clientes muy concretos: “Por un lado, están aquellos que quieren llevar una vida sostenible e intentan comprar esta ropa y, por otro, los que buscan la ropa que se lleva... pero más barata. Sobre todo, de marca. Vienen a por chaquetas Levis, polos de Lacoste… No puedes controlar los motivos por los que la gente compra en tiendas vintage y hay que respetar todas las posturas. Al fin y al cabo, están potenciando la economía local y, en general, haciendo algo bueno”.


Yolanda y David han trasladado su filosofía de vida a su negocio: “Vive como piensas”. Todas debemos hacer lo posible dentro de nuestras posibilidades; aunque siempre podemos ir más allá de lo que pensamos. Es muy importante tener en cuenta que la sostenibilidad no consiste en gastar dinero en ropa sostenible o de segunda mano: “El consumismo continúa siendo un problema. No sabemos cuidar la ropa y nos dejamos llevar por las tendencias. Hay que comprar ropa de buena calidad ¡y ojo! Calidad no significa que sea de marca”. Algo en lo que insisten es en aprender a leer las etiquetas de nuestras prendas: “De poco te sirve comprar un jersey de muy buena calidad si no lo lavas como debes, porque se va a estropear”.


A pesar de que la moda rápida continúa en auge, estas emprendedoras ven el futuro con cada vez más esperanza: “Nuestra clientela está entre los 20 y los 25 años, pero también vienen señoras de más de 60. Creemos, en general, que la gente joven está mucho más concienciada sobre la sostenibilidad”.


Porque si todos los caminos llevan a Roma, todos los caminos también llevan a la moda sostenible: “La gente apoya este tipo de negocios por diversas razones: por vestir diferente, por salud mental (no estamos tan pegados a los cánones de la moda rápida), porque creen en el comercio local, porque buscan ropa buena pero más barata, o porque de verdad quieren saber a quién va destinado su dinero. Todas las opciones son válidas”.


Amarga Vintage (Salamanca)

Algo que me atrajo desde el primer momento a Amarga Vintage fue su ética de trabajo. Su negocio refleja su forma de vida, así como sus valores personales y de consumo. Asimismo, Yolanda y David adquieren sus prendas vintage una a una durante sus viajes, lo que las hace aún más especiales: “De esta forma, los clientes también llevan una parte de nuestros viajes con ellos”. Cuando llegan a la tienda, ambas se encargan personalmente de lavarlas con productos ecológicos.


Además de cuidar al detalle su selección de prendas vintage y de segunda mano, también colaboran con marcas pequeñas, independientes y nacionales: “Estas marcas no son necesariamente ecológicas en cuanto a materiales, pero sí en su fabricación. La sostenibilidad también comprende el factor humano. Colaboramos con aquellas que compartan nuestros valores de feminismo, apoyo a la comunidad LGBTQ+ y cuya estética sea similar a la nuestra”.


Un simple vistazo a la tienda es suficiente para darse cuenta de la cantidad de tiempo, atención, cariño e ilusión que hay detrás de este pequeño gran proyecto. Yolanda y David no dejan escapar la oportunidad de animar a todas las artistas y emprendedoras que se están adentrando en este mundo: “No tengáis miedo a contactar con las tiendas. No somos más que nadie. Todas estamos aprendiendo. Con respeto e ilusión se llega lejos”.


Algo que nos preocupa a mí y a muchas otras es qué ocurre con la ropa de las tiendas sostenibles cuando no son capaces de venderla. ¿Se tira? ¿Se regala? Yolanda me lo explica: “Nosotras hacemos un mercadillo con la ropa que no se vende y bajamos los precios; 5€, 10€ y 15€ suelen ser nuestros precios. Lo que no conseguimos vender en los mercadillos lo guardamos para la siguiente temporada. Lo bueno de este tipo de ropa es que siempre vuelve”.


La ropa vintage está de moda, sí, pero no para todo el mundo. Aún hoy, en España, existe cierto prejuicio en cuanto a comprar ropa de segunda mano: “Especialmente entre la gente de 30 y 60 años. Hay que explicarles que esto es una tienda como cualquier otra, donde la ropa se limpia y se cuida”. Más allá de la reticencia a consumir este tipo de moda, una cosa está clara: el hecho de que se haya convertido en tendencia es un problema.


Personalmente, me llama mucho la atención aquellas tiendas de ropa vintage que ofrecen unos simples polos (de marca) a precios desorbitados. Y esto es una práctica en auge: “Todo es un negocio,” explica Yolanda, “Nosotras siempre ponemos un precio razonable que nos dé cierto margen de beneficio, pero no podemos hacer nada ante ese cliente que está dispuesto a pagar 100 € por un polo de marca”. Sin duda, el consumidor tiene el poder. No obstante, David me explica algo que es muy importante recordar: “Muchas veces pagas tanto dinero por la calidad del producto. Hemos tenido pantalones de Zara de hace 20 años y estaban en perfectas condiciones. Ahora esto no es así; la obsolescencia programada está muy presente en nuestros armarios”.


Llegando al final de la entrevista, nos pusimos a charlar sobre el futuro de la sostenibilidad, así como del de Amarga: “La sostenibilidad no está libre del capitalismo y por eso se desvirtúa. Es normal perderse y no ser capaz de hacerlo todo perfecto”, asegura Yolanda. El sueño de esta pareja es crecer, pero siempre a su ritmo y prestando atención y cariño a todos sus pasos. Su final deseado, tal y como me cuentan, es crear un espacio que sirva tanto de galería de arte como de tienda de ropa. Un concepto que, sin duda, marcará un antes y un después en esta industria; después de todo, ¿qué es la moda sino arte?


Amarga Vintage (Salamanca)

El apoyo de familiares y amigos ha sido crucial para sacar este sueño adelante, especialmente en el ámbito emocional: “Nunca han desconfiado del proyecto, pero sí se han sorprendido cuando se ha convertido en algo grande”. Desde Amarga Vintage, y también desde ELOQUĒNTIA, queremos transmitir un mensaje muy claro a la gente joven: “No tengáis miedo a emprender. ¿Tenéis miedo? Perfecto, pues hacedlo con miedo. Pero hacedlo”.


Todos nuestros proyectos se han visto truncados por la pandemia, y en el caso de Amarga, esto les ha afectado especialmente: “La tienda es un punto de encuentro, un lugar seguro y alegre donde estar tranquilamente mirando ropa. Y ahora eso es imposible”. La COVID-19 les ha pasado factura, sobre todo en cuanto a salud mental. Sin embargo, no pierden la ilusión: “Hay que sobrevivir. Eres la única que va a sacar tu negocio adelante. Tienes ansiedad, lloras… pero lo que merece la pena no es fácil”.


La familia de Amarga Vintage es, sin duda, una de las más especiales de Salamanca. Yolanda y David son dignas propietarias ya no de una tienda, sino de un segundo hogar para ellas y para toda la comunidad. Un espacio de conversación, seguro, abierto, divertido y, sin duda, responsable.


Amarga Vintage es un verdadero ejemplo de lo que debería ser un negocio sostenible en todos los sentidos.


Si deseas apoyar a este pequeño comercio, síguelo en Instagram y visita su página web. Actualmente, trabajan tanto en tienda física como online. Realizan envíos a Europa y a Latinoamérica.

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