Consumo consciente: cambiar nuestra forma de pensar sobre la sostenibilidad

BY ZAIN HASAN


English version


Más o menos durante la última década, hemos sido testigos de un mundo cada vez más conectado y, para bien o para mal, más expuesto. Nuestra conexión apenas conoce límites y las grandes marcas con voces potentes y gran cantidad de seguidores eclipsan a las marcas que presentan un tamaño menor, pero una mentalidad más profunda. Esto se ve con mayor claridad especialmente en el mundo de la moda sostenible y ética.


Sin nombrar a ninguna marca, a menudo las nuevas comienzan siendo pequeñas y usando las redes sociales como vehículo para obtener éxito. Gracias a la conexión, a los influencers y a un marketing eficaz, cogen impulso rápidamente y, durante el proceso, la marca pasa a enfocarse en la estética, hasta el punto de darle más importancia que al propósito.


A pesar de que el marketing eficaz y las relaciones públicas son herramientas muy poderosas para recordar una marca, a menudo tienden a abusar de las palabras de moda, las tendencias y los hashtag. En este mundo de satisfacción inmediata y concisión, el comportamiento de los consumidores se ve influido al moldear y potenciar dichas palabras de moda.


Aunque en principio no hay nada de malo en ello, ya que es necesario para que el negocio tenga éxito, si hablamos de sostenibilidad y moda ética, los conocimientos del consumidor se han quedado anclados a la nomenclatura popular. Encontramos una muestra evidente en el libro de Jacquelyn Ottman, The New Rules of Green Marketing (Las nuevas reglas del marketing ecológico), en el que explica que «la explosión reciente de medios, productos, servicios y marketing ecológicos ha conllevado todo un mar de dudas y desconfianza, por lo que nos arriesgamos a que todo el movimiento ecológico se debilite y regresemos a una era de apatía del consumidor».


Las expresiones «ser ecológico», «respetuoso con el medioambiente», «vegano», «reutilizado/reciclado» se han convertido en sinónimos de sostenibilidad. De hecho, para el consumidor corriente, al hablar de «producto sostenible», lo primero que se le viene a la mente es «ecológico». ¿Pero es suficiente? ¿Es el único aspecto de la sostenibilidad en el ámbito de la moda y la ropa? ¿En qué consiste siquiera?


Normalmente, aunque no siempre, solemos pensar que se trata de los materiales o de los componentes que se usan al elaborar un producto. El consumidor lo ve en la página de detalles sobre el producto junto con algunas imágenes encantadoras, las palabras «respetuoso con el medioambiente» o «biodegradable» y, automáticamente, asume que su compra es ética. Sin embargo, esto no es todo lo que conlleva la moda ética y, de hecho, no debería limitarse a ello. Sí, es de vital importancia que los materiales sean lo más respetuosos posible con el medioambiente, pero ¿qué hay del proceso completo, la vida útil del producto o las externalidades sociales y económicas de la creación del mismo?


Como consumidores, siempre tendemos a centrarnos en el producto final, es decir, en lo que recibimos. Además del factor de satisfacción al adquirir un artículo sostenible, hace falta que cambiemos nuestra forma de pensar sobre nuestras decisiones de compra.


Esto implica arrojar luz sobre cualquier aspecto de elaboración, empaquetado, envío y entrega de un producto. Uno de los factores clave que estamos viendo actualmente en el mundo de la moda ética son los «precios transparentes», donde este ilustra todos los ámbitos en los que se invierte el dinero del consumidor y cómo se utiliza. Este método va más allá de simplemente los materiales o los componentes, es transparente y muestra qué se emplea para la elaboración, el envío, los costes de gestión, los incrementos de precio, etc.


La moda rápida seguirá fabricando en grandes cantidades y probablemente no hará uso de los precios transparentes, ya que no resulta beneficioso para sus modelos de negocio. No obstante, gracias a la aparición y al crecimiento del enfoque en las salas de juntas sobre los parámetros ESG (medioambientales, sociales y de gobierno, según sus siglas en inglés), esto podría cambiar, aunque sea lentamente. Sin embargo, las voces y marcas más pequeñas pueden ganar relevancia con respecto a sus cifras no solo con el uso de una herramienta como los precios transparentes, sino también siendo claros sobre las externalidades positivas del esfuerzo y del impacto en las comunidades que fabrican los productos. Ya lo hacen muchas marcas, pero no son suficientes.


Al fin y al cabo, el objetivo de una empresa es generar beneficio, y la moda rápida tradicional nos ha demostrado que puede obtenerse a costa de la civilidad humana básica. La explotación de los gigantes que operan en países de renta baja ha contribuido a la inestabilidad y al desequilibrio económicos, pero, al mismo tiempo, han moldeado la forma en la que consumimos. Es decir, nos hemos familiarizado y acostumbrado a la idea de que así es como funcionan las cosas. Gran cantidad de marcas pequeñas también son complacientes y se adhieren a dicha mentalidad. No hay duda, es la «norma» y funciona para lograr los objetivos de negocio, especialmente en países de renta alta.


La moda ética tiene una oportunidad de oro para convertirse en la nueva norma potenciando el mismo marketing eficaz y las mismas herramientas de negocio, pero, en lugar de «pensar fuera de lo establecido», pueden usarlas para «expandir los límites de lo establecido». La transparencia y la educación son esenciales para cambiar la base de la mentalidad del consumidor. Si las marcas más pequeñas y éticas consiguen aumentar la importancia de la percepción actual de la sostenibilidad sin perder sus valores éticos, podremos vislumbrar un mundo mejor y más equilibrado.



Traducido por Julia Martínez


19 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo